resistencia local

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Vivimos en una sociedad que se vanagloria de las “ventajas” del libre comercio en detrimento de nuestros productores locales. La agricultura, la pesca, la ganadería, la minería o la artesanía autóctona; son algunos de los sectores que se ven seriamente amenazados a causa de la deslocalización económica que impone el moderno patrón mundialista. Para hacer frente a todo esto, de un modo domestico y yendo en sentido totalmente contrario a los reclamos de la globalización, creemos que el primer punto de partida debería ser acortar la distancia entre el productor y el consumidor.

Tristemente, nuestra ansia consumista nos hace caer fácilmente en el reclamo del “bajo precio”, sin que tengamos en cuenta las terribles consecuencias que a la larga tienen estas actitudes para la sanidad económica y la soberanía de nuestros países. El consumidor de productos de “bajo precio” (la gran mayoría procedentes del extranjero) no parece darse cuenta de que él mismo está a punto de crear las condiciones perfectas para su futuro desempleo.

No se trata de comprar al precio más barato de cualquier modo y al mejor postor, se trata de ser consecuentes con lo nuestro. Comprar menos pero mejor. Para esto sería necesario un alejamiento de las grandes superficies y prescindir de la alimentación basura; volver a poner la vista en nuestras huertas y en las pequeñas granjas familiares. Nuestro mejor certificado de calidad.

Esto suena a autarquía, y no encaja con las doctrinas modernas, pero si lo analizamos bien, tiene mucho sentido: sería beneficioso comenzar a trabajar en el concepto de “eco-región” para poder restaurar la autonomía alimentaria y favorecer los intercambios internos. Ahora que hablamos tanto de la “deslocalización” como un fenómeno irreversible e incontestable, cuando la economía mundial pretende ser global en todos los órdenes, bien nos vendría echar el freno y comenzarnos a cuestionar sus premisas; también de revisar nuestros propios hábitos de consumo y replantearnos hacía donde vamos de la mano de esta sinrazón especuladora.

Si estamos dispuestos a consumir menos podremos comprar mejor. Y si queremos comprar mejor, lo más probable es que debamos hacerlo a los productores locales. Debemos reivindicar el sentido de pertenencia a nuestra tierra desde todos los frentes.

Es evidente que con ser “compradores reflexivos” no va a ser suficiente para curarnos de este anarco-capitalismo que esta estrangulando a las naciones, pero la relocalización de la economía depende en gran parte de nosotros mismos.

APUESTA POR LO LOCAL.

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July 29, 2013 · 8:39 pm

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